domingo, 24 de julio de 2011

Qué hacer en un día de "escasos fondos"


Cómo saborear un día con poco dinero.


¿Nunca os ha pasado que ya no sabéis donde ir con los niños porque parece que se cansan de todo?
    Eso me pasó a mí más de una vez, pero a veces, si estaba mejor de dinero podía llevarlos a merendar a un sitio novedoso o a pasar la tarde a algún merendero para que jugaran al aire libre. Pero una de esas veces en las que ya no sabíamos que hacer, mi presupuesto era más que limitado. Y si me quedaba por la ciudad corría el riesgo de que me preguntaran - ¿Mami, podemos comprar un helado? – o – Mami, ¿podemos ir al kiosco? – o peor aún, - Mami, tenemos sed, ¿podemos tomar algo? – y claro, yo no quería decirles que me quedaba poco dinero y llevarles por ahí y no dejarles luego hacer nada. Quería mantenerlos libres de preocupaciones. Por la mañana los había llevado a la playa a bañarse, así que esa opción quedaba descartada. Pero no importaba, no podía rendirme Así que les propuse un plan divertido.
  Ese día descansaba mi marido, así que iríamos los cuatro. Con los huevos y patatas que me quedaban preparé una tortilla, que era lo que iba a hacer para cenar de todas formas, y la metí en una cesta que guardo del año catapún y que era de mi madre. Metí unos platos de plástico, pan, las botellas de agua y un melón y les puse a los críos ropa cómoda y playeros.
  Y en la cesta metí mi viejo mantel de cuadros y unas bolsas de plástico.
    La ventaja que tengo es vivir en Asturias, donde todo está muy cerca, y precisamente  muy cerca de mi casa empieza una ruta que transcurre paralela río y que se puede hacer en bici o andando, y ese día la hicimos andando porque el objetivo era coger moras, y con la bici tienes que estar parando a cada minuto.
   Nada más dejar atrás la ciudad vimos los matorrales plagados de negros frutos que parecían puestos allí para que nosotros los cogiéramos. Con cuidado para que los niños no se pincharan las cogimos y las fuimos metiendo en las bolsas. La recolección fue muy divertida, “peleando” a ver quien cogía más y quien las más grandes.
  A la vuelta, con las manos negras y muertos de hambre  paramos en un rincón junto al río y allí, igual que en las pelis inglesas saqué el mantel de cuadros y cenamos en plan picnic. Por la zona hay mesas pero ellos querían un picnic de verdad, sentados en el suelo. Después reposamos mientras veíamos como la tarde iba declinando poco a poco. Yo no sé que pasa por esta tierra mía pero al atardecer todo huelo mejor, y embriagados de los aromas del ocaso volvimos a casa, cansados pero con esa sensación de haber tenido un día perfecto. Los niños se lo habían pasado en grande, no había gastado nada y ellos nunca sospecharon que la excursión se debió a los escasos fondos de sus padres. Y al día siguiente, a hervir tarros y a preparar mermelada de mora. Y a comer moras de postre, porque teníamos muchas. Si alguna vez tenéis poco dinero para salir no os quedéis en casa, siempre hay opciones, pero ante todo no les deis a los niños la sensación de estar haciendo algo malo porque salgáis sin gastar dinero. No solo es necesario consumir para ser feliz. En todas las ciudades hay actividades que no cuestan dinero, solo es cuestión de poner ilusión. Aunque ya sé que todo esto lo sabéis, pero me gusta insistir porque a veces nos vemos tan saturados de problemas que nos olvidamos de lo más importante. Y los niños crecen muy deprisa y si no aprovechamos los años de infancia para estar con ellos e inculcarles estas cositas, cuando nos demos cuenta estamos viviendo con unos desconocidos que encima ya son adultos.
  Bueno, vaya rollo solté, ya os dejo y os espero. Porfa, dadme vosotros también ideas, que las pondré en práctica seguro.


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