domingo, 31 de julio de 2011

¿Qué puedo llevarle a mi amiga al hospital?


Mi amiga ha ingresado en el hospital,¿qué le puedo llevar?


   Hola, ¿qué tal ese veranito? Hoy os quería hablar de lo mucho que a veces cambia un regalo con una buena presentación. Eso vosotras ya lo sabéis, pero hoy me he acordado de un regalo que realizó un cambio espectacular cuando decidimos presentarlo de una manera más original.
    Hace aproximadamente un año, una amiga de mi hija tuvo que someterse a una operación de huesos, y estuvo ingresada en el hospital unos quince días.
    Todas sus amigas querían ir a visitarla, y el tema de conversación era siempre sobre lo que podían llevarle cuando fueran de visita. Unas querían llevarle revistas, porque la chica no podía levantarse de la cama y la lectura siempre entretiene, otras querían llevarle  un  librito  de  pasatiempos porque al parecer le  gustaban  mucho, otras decían  que lo mejor  eran  unos  bombones, y  al final no se  ponían de acuerdo y  seguramente  acabarían  llevándole  algo  repetido.
    Una de esas tardes,  mi hija  y  yo  estuvimos  hablando  y  llegamos  a  la conclusión  de  que  lo  mejor  era  hacer  fondo común  entre  todas  las  amigas  y  llevarle  un  super ”set” de  hospital.  Eran  siete  amigas,  así  que  decidimos  que con  5  euros  cada  una  se  podía  hacer  un  buen  regalo.  Y  lo  primero  que  se  hizo una  vez  reunido  el  dinero  fue  buscar una  manera  atractiva  de presentarlo. Al  parecer  el  color  favorito  de  la  niña  era  el  rojo,  así  que  se  fueron  a  un  bazar  chino  a  buscar  una  caja  grande  y  tres  pequeñas  en  rojo.  Después  de  buscar  encontraron  una  que  tenía dibujadas  mariquitas  en  rojo,  y  era  bastante  grande  y  además  tenía  tres  más  pequeñas  iguales.  En  una  librería  compraron  papel  pinocho  rojo  y  forraron  por dentro las  tres cajas con el  papel  para  que  no  se  mancharan.
  En  la  caja  grande  pusieron  dos  revistas  apropiadas  a  su  edad,  que  además  daban  un  regalito,  una  unas  gafas  de  sol  y  la otra  un  bikini.  Luego  metieron  dos  libros  de  pasatiempos  variados  y  para  que  quedara  más  bonito compraron un  bolígrafo  y  lo pusieron  al  lado.  Hubo  suerte  y  el  boli  tenía dibujadas  mariquitas,  lo que hace que quede mejor, pero  si  no lo  hay con  el mismo dibujo  no pasa nada, sirve uno que  tenga  el color predominante  en  la  caja.
   Por supuesto le metieron un peluchito para que le diera mucha suerte, y de nuevo pudieron conjuntarlo todo y encontraron uno con forma de  mariquita muy guapa y tierna.
   En  las  cajitas pequeñas, previamente forradas con papel pinocho, le metieron cosas de comer. En este punto es importante asegurarse de que el enfermo puede comer de todo, porque a mí me pasó con un sobrino que tuvo peritonitis y estaba a dieta así que los regalos solo pueden ser de leer o jugar.
   Como en este caso podía comer de todo, en una cajita metieron bombones de esos que se venden al peso, y en caso de no encontrarlos al peso a veces, en los supermercados hay cajas baratas, así que solo es cuestión de sacarlos de su envase original y meterlos en el nuestro. Bueno pues en una de las cajitas metieron los bombones, en otra caramelos y en otra unas pastas. Esto es lo que ellas hicieron, pero son solo ideas, siempre se pueden sustituir los caramelos, por ejemplo, por chicles o gominolas. Depende de lo que le guste a la persona que va a recibir el regalo.
      Las cajitas podemos dejarlas abiertas o si lo preferimos podemos cerrarlas y ponerles un lacito encima. Ellas lo presentaron así, cerradas, para que el interior fuera sorpresa y quedó muy bonito.
     Por último le pusieron un libro de una librería que tenemos aquí en mi ciudad que tiene unos precios más que razonables, y por dos euros con noventa y cinco encontraron uno de los que le gustaban a la chica que estaba ingresada.
    La verdad es que estos regalos se pueden presentar de muchas maneras, pero ellas lo hicieron de una forma que a mi me gustó mucho. La caja la dejaron abierta, con la tapa puesta por detrás de pie, así a la hora de cerrar quedaba como más armada. Y por dentro distribuyeron las cajitas pequeñas, el libro, los pasatiempos, el Boli, el peluche y las revistas, poniéndolo todo un poco de pie, y en la parte delantera, como les había sobrado dinero, le pusieron una tarjeta grande de esas que desean una pronta recuperación. Luego lo envolvieron todo con un celofán transparente que tenía dibujadas unas mariquitas en rojo. La verdad es que ellas tuvieron mucha suerte con lo de las mariquitas porque es un dibujo que se usa mucho para decorar y pudieron encontrarlo todo muy coordinado. Luego lo cerraron con un lazo rojo, en esta ocasión en lugar de ser de regalo lo usaron de tela, y justo en el centro de la lazada pusieron una flor de tela de peluche que tenía una carita pintada, y le daba al regalo un aire más informal.
    Al final, por la misma cantidad de dinero que tenían pensado gastar llevaron un regalo muy aparente, y por lo que mi hija me dijo, a su amiga le encantó. Es cierto que al presentarlo así todo parece más y mejor, y a quien lo recibe le encanta mirar a ver que hay en la caja. Y lo mejor es que la caja grande le sirvió para ir guardando los regalos recibidos durante los días que estuvo ingresada. Y la cara de la chica al ver aparecer a sus amigas cargadas con una caja enorme y con un envoltorio precioso fue para no perdérsela.
    Yo recomendaría que si alguna vez tenéis que hacer un regalo de estas características, y sobre todo sí sois varias personas, lo mejor es presentarlo así. Si en lugar de una chica joven se trata de una persona mayor podéis ponerlo en una cesta, y las revistas las compramos un poco más al gusto de esa persona, de cotilleo, de decoración, científica, de lo que sea. Y las cosas de comer, pues también a su gusto. A lo mejor en lugar de caramelos prefiere unas pasas o unas frutas confitadas, y el libro pues igual, según gustos. El envoltorio puede ser un poco más sobrio, pero yo creo que la tarjetita queda bien para cualquier edad. Y el peluche igual, a lo mejor en lugar de un peluche normal, a un señor podemos llevarle uno con el traje de su equipo de fútbol, y a una señora una muñeca de cara de porcelana de esas que imitan a las antiguas. Eso depende de la persona, pero aunque estemos regalando lo mismo que ya teníamos pensado, presentarlo así demuestra cariño, y demuestra que nos esforzamos para que el regalo les guste y para hacer más llevaderos los días de hospital. Y la caja o cesta pueden usarla para meterlos demás regalos que vayan recibiendo.
   Espero que os haya gustado mi idea, y como siempre os digo, soy toda oídos para recibir las vuestras porque pronto voy a empezar a dar regalos repetidos ya que se me agotan las ideas. Bueno, pues gracias a todas y hasta pronto. Besitos.

viernes, 29 de julio de 2011

¿QUIÉN FABRICA LAS MARCAS BLANCAS?


       Tal como le prometí a Anna, y viendo que el tema parece que le interesa a más gente, voy a hablar de cómo averiguar quien fabrica determinadas marcas blancas. Para empezar, diré que la mayor parte de mi información procede de Internet. Generalmente consulto en una página que luego os dejaré aquí puesta y que indica los fabricantes de cada artículo de las marcas blancas de determinados supermercados. De todas formas no he averiguado el fabricante de todos los productos de la misma forma, algunas veces he descubierto las cosas por otro camino. La marca que trabaja el Supercor, el supermercado de El Corte Inglés, son en realidad dos marcas, Aliada e Hipercor, bueno pues Supercor trabaja con marcas muy conocidas, y yo me enteré porque precisamente en las tiendas Supercor de mi ciudad, de vez en cuando, realizan unas visitas guiadas por el establecimiento para hablarte de sus propias marcas. Y cuando acaban estas visitas siempre te dan un lote de productos para que pruebes la marca, cosa que está fenomenal porque además de probar para saber si nos gusta, estas visitas suelen tener lugar casi siempre a final de mes, y esos productos vienen genial. Ahí, en una de esas visitas fue donde me explicaron que la leche Aliada es envasada por la Central Lechera Asturiana, y la marca Hipercor también, y la diferencia es que la de Aliada procede de vacas de diversos sitios de España y la de Hipercor solo de vacas asturianas.
    Las marcas del Mercadona suelen poner en sus envases quien es el fabricante. Yo tengo ahora un envase de jamón de York y en la tapa pone que ha sido envasado por casa Tarradellas. En algunas marcas, como Día, no te indican el fabricante, solo un NIF o Cif, pero con este dato ya se puede averiguar quien ha envasado el producto. Lo ideal es que lo apuntemos para recordarlo y no estar siempre consultando. En realidad, luego todo es cuestión de probar porque yo soy muy defensora de marcas blancas, y aunque debo reconocer que hay algunas que no me gustan nada, la mayoría tienen buena calidad y suponen un ahorro considerable. Otro consejito mío, que supongo que ya todas hacéis, es decir que no compréis gran cantidad de un producto que no hayáis probado antes. Ya sé que a veces hay unas ofertas que son una tentación, pero es mejor que compremos una sola unidad y cuando ya sepamos que nos gusta, entonces podemos comprar más, porque sino tendremos un producto rodando a lo tonto por casa y nos habremos gastado el dinero innecesariamente.
    Otra curiosidad que os quería apuntar es el tema de los famosos transgénicos. Bien, en este tema hay gente que está a favor y gente que no. Pues para los que estáis en contra, me gustaría deciros que en la página de Greenpeace, en el apartado de transgénicos hay una lista de todos o al menos casi todos los productos transgénicos que hay en España, es una lista verde y naranja, con las marcas que los usan y marcas que no, y además te explican qué son exactamente los transgénicos y porqué ellos están en contra. Esta lista sirve para las marcas conocidas, pero podemos aplicarlo a las marcas blancas porque en el momento que sepamos quien es el fabricante solo es cuestión de comprobar.
     Bueno, entonces como consejín final, leed las etiquetas porque muchas veces nos indica el fabricante, y en caso contrario, como por ejemplo con los productos DIA, consultamos en Internet, bien en la página que a continuación os dejo e bien metiendo el NIF que aparece en la etiqueta.
    Y ya que voy terminando, os animo a usar marcas blancas, se ahorra mucho y merece la pena, aunque claro, siempre es cuestión de mirar. Yo, por ejemplo, este mes he comprado un jabón para lavar los platos de la marca Mistol porque tenían una promoción y me salía más barato que cualquier marca blanca, pero generalmente lo interesante es la marca blanca.
   Y antes de irme quería decirle a Anna que no sé porque no puede dejar comentarios en el blog. La forma de hacerlo es escribir el comentario en el recuadro correspondiente y dar a publicar el comentario. Entonces te van a pedir que escribas en un recuadrito unas letras que generalmente no forman ninguna palabra con sentido,  te pondrá algo así como verificación de palabra, tú escribes lo que te dice, vuelves a dar a publicar el comentario y en teoría te tiene que salir.
   Ahora ya si que os dejo, pero eso sí, poniendo aquí la página que yo uso para consultar las marcas blancas. Y mi forma de consulta suele ser la siguiente, pienso a que súper voy a ir y miro quien envasa los productos que es más probable que compre. Pero ya digo que muchas veces el fabricante viene en la etiqueta. Quisiera también decir que si tenéis alguna duda o se me ha olvidado decir algo no dudéis en preguntarmelo que yo, en lo que pueda, os ayudaré. Bueno, pues ahora si que ya me voy diciendo que la página es;

jueves, 28 de julio de 2011

UN MENÚ PARA "PEQUEÑOS INVITADOS"


Comidas para peques improvisadas; menús rápidos y baratos.      


Hola, ¿estáis todas bien? Bueno, me alegro mucho. Yo ando por aquí, intentando disfrutar el máximo de un verano donde el sol brilla por su ausencia.
    Y no sé porqué, de repente, en este día de sol jugando al escondite con las nubes, me acordé de los apuros que he pasado en algunas ocasiones cuando mis hijos invitaban a sus amigos a comer a casa. Generalmente solía salir de las situaciones bastante bien, pero recuerdo una en concreto que me vi bastante apurada, la verdad. Se trataba de una niña que por problemas familiares no podía venir a casa cualquier día, y precisamente, el día que por fin pudo venir ¡horror!, yo estaba como siempre, con los céntimos contados.
    Desde luego, no quería decirle que no viniera porque este caso no es el típico en el que dices; - ¿podéis dejarlo para la semana que viene, que esta no me viene nada bien? -  No podía porque ella seguramente tardaría meses en volver a tener un sábado disponible, así que a romperme la cabeza, porque además de comer iba a quedarse a merendar y a cenar, pues no podían venir a buscarla hasta las nueve y media de la noche, y ya que se quedaba tanto tiempo no era plan de entregarla sin cenar.
    Bien, como me avisaron con algunos días de antelación, lo primero que hice fue revisar el congelador y la despensa a ver que tesoros escondía. Y en lugar de ayudar, casi me desesperé más.¡Menos mal que la niña venía el sábado y el lunes cobrábamos! Bien, en la despensa tenía un paquete de macarrones, salsa de tomate, leche abundante y un trocito de queso. También tenía patatas porque siempre intento dejar algunas, alguna pieza de fruta suelta y tenía bastante caldo congelado. Y además tenía dos filetitos congelados de esos que congelo a principios de mes, para ver que puedo hacer luego con ellos, y alguna cosina más que sería demasiado larga de enumerar. Así que sin tener demasiada idea salí a recorrer los supermercados a ver lo que encontraba.
    Bien, en vez de enrollarme diciendo como compré las cosas, directamente os voy a describir el menú.
    A pesar de mi “pobreza”, veía a mis hijos tan ilusionados con la visita de su amiga que intenté hacerlo todo lo mejor posible.
   Decidí entonces preparar una mesa para que comieran ellos solos en lugar de hacerlo con la familia, me pareció algo más “íntimo”. Primeramente cogí una mesa camilla que nunca uso y que en realidad siempre tiene algo puesto encima y parece más une estantería que una mesa, y la llevé a la cocina. La cubrí con un mantel de colores de esos muy veraniegos, y como vajilla usé los platos de plástico de colores que uso para la playa. Puse también los vasos de colores, y en el centro una jarra con agua y otra con leche, y las servilletas eran de papel de colores que me habían sobrado de alguna ocasión (no recuerdo de qué), y quedó una mesa muy aparente. De entrante hice unas croquetas porque tenía ingredientes para una bechamel, pero en lugar de darles la forma normal usé un molde de galletas y las hice en forma de corazón, y con la bechamel restante hice bolitas pequeñas. Deje las croquetas preparadas pero sin freír, y cuando llegó la niña, mientras se quitaba la chaqueta, veía la habitación de los niños y se lavaba las manos las freí. Y las presenté en una bandeja, con un montoncito de Ketchup y otro de mayonesa en los lados. Además había hecho unos macarrones, los que  tenía en la despensa, que eran espirales de colores. Los presenté en un bol y en recipientes pequeños eché queso (rallado por mí del trocito que tenía en la despensa), salsa de tomate y un poco de atún de lata. Los recipientes eran de esos de plástico que venden en los bazares chinos y yo los tengo desde hace años y me hacen mucho servicio. Cada niño se preparó los macarrones como quiso, unos con queso, otros con  atún y otros con todo. De segundo plato les preparé unas tortillas francesas con atún que previamente había apartado de la lata, y las presenté enrolladas y sobre una rebanada grande pan, en un plato también de plástico de colores. De postre les di tarta de galletas, rellena con el famoso flanín del Lidl y cubierta con chocolate también de allí.
    Después de pasarse la tarde jugando tocaba merendar, así que otra vez a estrujarme el cerebro. Bueno, tengo que admitir que no me compliqué nada. Les di pan de molde con crema de cacao, cortado en triángulos y servido en una bandeja, y zumo casero. En la licuadora metí una naranja que tenía, unas pocas uvas que me habían quedado y media lata de piña, jugo de la piña incluido, y me salió un zumo riquísimo. Para que fuera aún más apetitoso lo serví en copas. Previamente había separado un poco del zumo de naranja, lo puse en un plato, mojé el borde de la copa en el zumo y luego mojé ese mismo borde en un plato con azúcar. Es un truquillo de toda la vida, pero queda genial. El borde de la copa tenía azúcar naranja. Luego puse una pajita y una rodaja muy fina de naranja que también había cogido previamente. Quedó todo de lo más profesional y a los niños le gustó mucho.
   Y por fin, después de un intenso día de juegos, llegó la hora de la cena. De primer plato me fui a lo clásico, un poco de sopa con el caldo que tenía congelado, que eso siempre gusta a los niños. Y de segundo ¡¡¡sorpresa!!! Cena burguer. El día anterior, cuando vagaba desesperada por los supermercados había visto unos bollitos de hamburguesa de tamaño mini, y estaban de oferta porque querían darlos a conocer, así que los compré. Con los dos filetitos que tenía congelados y un poquito de cebolla hice seis minihamburguesas, dos por niño. Unté los bollos con Ketchup y mayonesa, puse una minihamburguesa por bollo, una tira de queso que me había sobrado y que al contacto con la hamburguesa se fundió, una rodajita de tomate cherry y un arito de cebolla, y con una hoja de lechuga, con una sola cortada en juliana, quedaron unas miniburguer chulísimas. Las patatas las hice de luxe, porque había conseguido la receta en un programa de la tele, y de postre, colacao frío batido con la batidora para que tuviera mucha espuma,servido en copa altacon pajita, en plan batido.
Comprendo que este rollo que os acabo de soltar  a lo mejor os parece una bobada, pero mis hijos y su amiga guardan muy buen recuerdo de ese día. Cierto es que al día siguiente nosotros tuvimos que comer las “sobras”, sopa,  ensalada con la lechuga sobrante, los tomates y la cebolla, y más croquetas porque me había sobrado bechamel. Pero creo que valió la pena. Para los niños es importante invitar a sus amigos, y aunque les pongamos una comida muy normal, como fue mi caso, el hecho de presentárselo de una forma interesante y en exclusiva para ellos les hace verlo todo distinto. Si a vosotras se os ocurren otros menús para salir de estos apuros os agradecería cualquier idea, porque a veces ya no sabe uno que hacer para no repetir y que sea original y sobre todo barato.
   Ahora sí que os dejo, deseando no haberos aburrido demasiado y agradeciendo que me leáis. Y repito, cualquier idea será bienvenida, de verdad. Besitos y a seguir disfrutando del verano. Por cierto espero que  os guste el bonito paisaje que he puesto, un paisaje muy de mi tierra. Ahora si que os dejo adiosssssss.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿Qué ropa de verano es imprescindible para un niño o niña?


Muy buenas a todas, ¿cómo os va? Hoy me he atrevo con un tema que en el fondo todas conocéis y que seguramente no os aportaré nada nuevo, quizás incluso os parezca demasiado evidente todo lo que voy a decir, pero es un tema del que quiero hablar  porque hace poco, charlando con una chica que tiene dos niños pequeños, me di cuenta de que a veces las cosas más obvias son las que más nos pasamos por alto.
    Esta chica me comentaba no hace mucho que tiene una situación económica complicada, como casi todos hoy día, así que la ropita de verano de sus hijos se la compró en las rebajas, cosa muy lógica, pero el problema estuvo en que lo compró todo guiándose exclusivamente por el precio, y cuando llegó a casa y vio lo que había comprado y lo reunió con lo que aún le servía del verano anterior, se dio cuenta de que casi nada era combinable y su problema apenas se había solucionado. La suerte fue que en los comercios le permitieron cambiar las prendas, y ahí es donde yo pude ayudar un poquito, aconsejando lo que para mí sería imprescindible para pasar un buen verano con niños pequeños.
    Mi primer consejo fue revisar lo que ya tenía, para buscar cosas que “pegasen”. Para la niña tenía una chaquetita de punto roja, unos vaqueritos cortos, un vestido naranja y azul y un trajecito de algodón con dibujos de colores. Y para el niño tenía un vaquerito corto, una chaqueta de punto azul marino, un traje de algodón como el de su hermana,  un pantalón corto azul y un polo verde. Estaba claro que eran cosas sueltas que habían sobrado de otro año y no pegaban demasiado entre sí, así que había que comprar prendas que sirvieran para poner con más de una pieza.
     En el primer sitio que miramos, después de devolver lo que ya había comprado vimos una oferta de cuatro camisetitas de colores, todas lisas excepto un dibujito muy pequeño en el pecho. Las cuatro costaban cinco euros, así que las cogió, dos para cada uno, y las dejó para poner con los vaqueritos cortos. A la niña se las cogimos en verde vivo y en azul clarito, que ambos pegaban con la chaquetita roja, y para él en rojo y en azul clarito para la chaqueta azul marino. Allí mismo vendían chaquetas y compramos una  azul para que ella la pusiera con el vestido que ya tenía y a él se la cogimos en blanco con detallitos en verde, y le quedaba bien con el polo verde que estaba un tanto desparejado y que podía poner con el vaquero corto y ambas chaquetitas, las nuevas y las que ya tenían servían para los trajecitos de algodón de colores.
    En otra de las tiendas donde había que hacer la devolución no encontramos nada interesante, así que con el dinero en la mano nos fuimos al supermercado Alcampo y allí encontramos una oferta de dos por uno genial. A la niña le compramos un vestido para  salir azul y rojo precioso, forrado y con una tela muy bonita y que además pegaba con cualquiera de las dos chaquetas y uno de playa de varios colores que pegaba también con las chaquetas. A él le compramos una camisa de cuadros verde y azul que pegaba con las dos chaquetas y con los dos pantalones y una camiseta de rayas marineras que pegaba con los dos pantalones y la chaqueta azul. Y para completar, cogimos un par de bañadores, algo indispensable en verano. Mi amiga me había dicho que los niños tenían unos playeros tipo ”victoria”, ella en rojo y él en azul marino, pero necesitaban algo más. En un comercio que tenemos que se llama Mercalzado, tenían una promoción que era estupenda, dos pares de playeros o alpargatas costaban  nueve euros. Así que a la niña le cogimos unos playeros tipo victoria en verde, que pegaban con el traje de algodón, las camisetas con los vaqueros y el vestido de playa, y le cogimos también unos que tenían forma de zapatito de pulsera pero que eran de tela, éstos en azul para llevar con los vestidos. Al niño le cogimos unos victoria verde, para la camisa y el polo y para casi todo, y unas alpargatas en color blanco, que eran un poco rollo de lavar pero que pegaban bien. Y con los que ya tenían estaban perfectamente calzados para todo el verano. Al final del día, la mamá pudo solucionar el problema de la ropa, tenía para llevarlos en todas las ocasiones, si tocaba ir arregladitos, ella tenía dos vestidos y una chaquetita que pegaba y él dos pantalones, un polo y una camisa y una camiseta marinera. Podían ir al parque con sus trajecitos de algodón y con sus vaqueros con camisetas de colores y a la playa con cualquiera de estas cosas y ella además tenía el vestido de playa. Y si hacía frío tenía los pantalones vaqueros largos que habían usado durante el invierno pero que sirven para cualquier época.
   Como al final todo había costado menos de lo que había gastado en un principio, pues casi todo había sido dos por uno, compró una gorra de colores para el niño, que pegaba con casi todo, y tres lacitos para ella, uno azul, otro verde y uno de rayitas de colores, muy veraniego.
    Y ahora, cuando me los encuentro por ahí, siempre los veo muy guapos y yo creo que es porque la mamá vio solucionado su problema y está mucho más tranquila, así que combina lo que tiene, le apetece vestir a sus hijos porque sabe que tienen una apariencia genial y da gusto verlos. A veces solo es cuestión de pensar un poco. Antes de comprar es aconsejable revisar el armario porque imaginaos a mi amiga llevando al niño con el polo verde y los pantalones que anteriormente había comprado, que eran de unos cuadritos que no pegaban nada. A mí me encantan los pantalones de cuadros, pero si no tienes con qué llevarlos es mejor comprar otra cosa.
     Así que me despido recordando a todo el mundo la importancia de pensarlo bien antes de comprar, olvidemos las compras impulsivas, aunque nos guste algo, si no tenemos con qué llevarlo estirar el dinero porque esa prenda se va a quedar en el armario. Yo creo que, según donde se viva, para el verano, a los niños hay que comprarles un trajecito de algodón para ir a jugar, un vestido de salir para la niña y un pantalón y polo o camisa para él, una chaqueta que combine con todo, un bañador y alguna camisetita suelta para llevar con vaqueros cortos. Teniendo esto, ya podemos entonces permitirnos algún caprichito. Y además, la ropita de salir, como no la estropean tanto como la de jugar, pueden usarla más de un verano, y así se les compran otras cosas. Muchas veces, los básicos de las colecciones, los vaqueros y camisetas lisas nos vienen muy bien para hacer un fondo de armario. Y un niño así vestido siempre está bien, aunque es agradable, como decía, tener alguna prenda de más vestir.

Ropita de verano imprescindible para niños;cómo ahorrar al vestirlos.


   Por último, si vais a regalar ropita a algún niño por su cumple, Reyes o cualquier ocasión, intentad comprarla con criterio para que la madre  pueda darle salida. Si le lleváis una camiseta intentad que sea fácil de combinar, huid de los estampados o dibujos muy concretos porque a veces no tienen una falda o pantalón que vaya bien y hacemos a la mamá gastar más dinero. Lo ideal sería regalar el conjunto completo. Una solución que yo hago cuando tengo que regalar ropa y no tengo demasiado dinero es comprar una camiseta bonita y para niña lo completo con unos leggins que queden bien, del color predominante, o al contrario, de un color que aparezca de forma sutil, según el modelo. Si es para niño generalmente le cojo una gorra o unos calcetines que sean parecidos, o incluso, si hay una chaqueta o sudadera baratita, la cojo. Y si es invierno lo complemento con guantes y bufanda, depende de lo que me haya gastado en total. Pero no regalo solo la camiseta porque a veces no tienen con qué ponerla. Bueno, ahora si que me voy, y os agradecería que me dieseis ideas para estas compritas o para regalar. Lo que queráis, me encanta que me den ideas. Y mientras me voy os dejo una foto de la playita, pues aunque a veces no lo parezca estamos en verano.
 

martes, 26 de julio de 2011

Otra vez con las cestas


 Más ideas para aprovechar las cestas compradas impulsivamente.


*Hoy rescato este post que tiene 4 años pero que creo que puede ayudar con alguna idea. Desde entonces he hecho muchas más cestas y también tartas de pañales, pero la idea principal suele ser la misma. Gracias por leerme y espero que os guste.

Hola,¿cómo estáis? Yo por aquí, poniendo fotos de mimosa, una de mis flores favoritas y cuyo aroma me transporta a años buenos y felices. Bueno,bueno, ya dejo la nostalgia y voy a lo mío.

Como últimamente os he hablado de cómo solucionar esas preguntas incómodas de Ratoncitos Pérez o como entretener a los niños sin gastar mucho, hoy vuelvo a las cestas.
   Tengo que confesar que desde que compré las famosas cestas hasta que me deshice de ellas pasó bastante tiempo, pero cuando usé la última me quedó una extraña sensación de vacío, y en el fondo e mi corazón tuve la  impresión de que todos deberíamos tener alguna cestita guardada para improvisar un regalo.
     Esta vez no era tanto un problema de dinero como de ideas. Me explico. Tenía que hacer un regalo a una mamá, a una mamá que acababa de tener un bebé.
     El niño tenía prisa así que nació con un par de semanas de adelanto y cuando fui a verlo al hospital(petición de la mami, no me gusta ir al hospi si sé que no quieren barullo) no tuve tiempo de comprar nada y llevé únicamente una caja de bombones para la mamá, y aproveché para preguntar que regalo quería. 
 No es que estuviese yo millonaria, pero aquella chica siempre se había portado muy bien conmigo y no quería ser yo una tacaña. Pero parece ser que ya tenía de todo y a mí me tocaba  pensar en algo un poco más  original.
    Antes de irme se me ocurrió sacar una foto al bebé con el móvil. No fue una gran foto porque no puedes usar el flash, pero había bastante luz y me pareció un bonito recuerdo.

 Al día siguiente empecé a buscar por las tiendas de bebés algo original, y la verdad es que hay un mundo de cosas, pero la mayoría me parecían cosas poco útiles que en muy poco tiempo iban a dejar de usar; así que empecé a preguntar por canastillas. Y todas las que me enseñaron costaban entre 30 y 60 €, que era lo que yo podía gastar ,pero al mirarlas detenidamente vi que llevaban un lote de productos de alguna marca conocida y poco más, eran todo envoltorio, así que decidí hacerla yo misma y aunque me costase más o menos lo mismo, iba a ser una canastilla llena de cosas.

     En casa saqué las cestas(ya hablé de ellas, compré varias en una liquidación y luego no sabía qué hacer con ellas,jajaj) y elegí una, la que esa de un tamañp adecuado y que servía perfectamente, y una vez  visto eso, pensé en el color que quería que predominase en mi canastilla. 
Si la mamá que va a recibir el regalo es tradicional yo me inclinaría por el rosa o el azul, o si acaso el blanco. Y si la mamá es más modernita hay miles de colores. A mí me gustaba el naranja suavito pero esta mamá es más bien clásica así que opté por el azul porque había sido un niño.

   Para forrar la cesta esta vez no quise usar ningún tipo de papel así que me fui a una tienda de telas que hay cerca de mi casa y compré un trocito de tul azul. Me costó poco más de un euro y lo puse así como arrugado en la base y quedó muy bien. Esta cesta tenía asa así que compré un lazo de tela azul y fui bordeando el asa, empezando por uno de los lados, abajo y lo até con una lazada pequeñita a cada lado del asa. No hice una lazada arriba porque esa iría luego para envolverlo.

     Ahora tocaba rellenar y lo primero era poner algo grande para que la cesta “armara”. Yo me incliné por un peluche, compré uno de una tela suavecita que casi no tiene pelo porque es mejor para los bebés. Yo lo compré en azul pero cada uno puede comprarlo del color que predomine en su cesta. Y por cierto, era un corderito precioso y solo me costó 5,95€.
 Con el peluche puesto en el centro de la cesta pero pegado al fondo, fui a por los demás productos.
    Un consejillo es que los productos de higiene que compréis intentad que sean todos de la misma marca, no pongáis un champú Nenuco y la colonia Petit Cherie.

   Yo no sabía cual elegir hasta que vi en una perfumería If, que por aquí hay muchas, una promoción. Los productos Johnson tamaño viaje costaban un euro, y había una gama marinera en azul que a mí me venía ideal. Cogí la colonia, el gel de baño, el champú, la loción corporal y una cremita para el cambio de pañal que fue un poco más cara pero que me pareció el detalle completo.
    Entre tul, lazos, el peluche y los productos llevaba gastados  unos trece euros, y ya tenía más o menos lo que incluían en las tiendas. Todo lo que ahora pusiese sería un extra. En lugar de explicar en que orden fui comprando os explicaré como lo coloqué a la vez que digo donde compré las cosas porque si no sería un ir y venir muy lioso.

    En la cesta, justo delante del peluche puse los artículos de higiene y sobre el tul quedaban genial. La colonia estaba en el centro, el gel y el champú uno a cada lado, y el bálsamo y el bodymilk a cada lado de los anteriores.
   Y en un lado puse un peine y un cepillo de bebé en azul que me habían costado un euro con veinte en una tienda que ya cerró que tenía regalos preciosos y baratos. La tienda se llamaba El rincón de María, y a lo mejor en otros  lugares la hay. Y en otro de los lados puse un termómetro de bañera, también de allí.

    Allí mismo compré un platito infantil de plástico con dibujos azules y una cuchara y un tenedor de plástico que hacían juego. Esto lo puse en la cesta delante del “set de belleza” que acababa de poner. Y junto al plato puse un biberón de plástico con dibujos azules, ideal para agua o zumito, y  dos baberos azules y blancos, bordeando este set de comida. Todo fue del Rincón de María y entre el termómetro, cepillo, baberos, biberón, plato y cubiertos pagué 5,40€.

    Y en el mismo sitio compré una mantita azul y blanca tipo polar y una funda para guardar el biberón también en azul, y estas dos cosas las puse como bordeando la cesta, justo en el borde del peluche. La  manta costó 4,95 y la funda dos euros.

    Ahora que la cestita estaba casi llena, quise completarla con algún detalle más, y delante del plato y el biberón puse un par de bodys azules y blancos que compré en C&A, unos patucos del rincón de María, unos azules y otros blancos, y un gorrito de lana blanco, pero si es verano podéis ponerlo de tela para el sol, es que en mi caso era invierno. 

Y ya en la parte delantera, casi casi al borde, puse un sonajero de tela de 60 cts, un chupete del mismo precio, una cadenita con imperdible en forma de corderito como el peluche(esto fue casualidad) y un marco de fotos azul con objetos en relieve relacionados con los bebés, cositas como chupetes y cochecitos de paseo. Y en el marco puse la foto que había hecho con el móvil, pues como ya dije aunque no tenía una gran calidad era un recuerdo precioso.

   Todo estaba encima del tul y tenía un aire como muy profesional. Cuando estuve segura de que quería dejarlo así fui a la librería y compré celofán transparente con dibujos pequeñitos en azul, en este caso eran algo así como mariposas y mariquitas, pero eran de un tamaño que quedaban muy bien. Lo envolví y lo até arriba, cogiendo la parte sobrante con un lazo de tela azul, igual que el del asa. Y al final me había gastado unos cuarenta euros, menos de lo que pensaba.
      Y ahora solo me quedaba encontrar un detallito para la hermana mayor del bebé, que la pobre estaba todo el día viendo a la gente llegar con regalos para su hermano y muy pocos se acordaban de ella.
      En el rincón de María encontré algo que hacía mucho que no veía, una muñeca guardapijamas. Costaba solo tres euros y era idónea para una niña de 9 años a la que había que hacer sentir importante porque estaba siendo “eclipsada” por el hermanito.
  La muñeca era de trapo y parecía una niña antigua con sus trencitas de lana y su traje azul y naranja, y en la tripita tenía una cremallera y ahí era donde guardabas el pijama, así que yo fui a la tienda de chuches y compré varias golosinas al peso. En la librería compré celofán con dibujos de color naranja (tenía capricho de regalar naranja) y en casa hice un paquetito con las chuches y lo envolví con un trozo del celofán, que cerré con un invento mío. 
Como la muñeca era azul y naranja  en vez de comprar un solo lazo compré dos estrechitos ,uno azul y otro naranja y los puse juntos, o más bien uno encima de otro, y al atar quedaban muy originales. Metí el paquete de chuches en la tripita de la muñeca y envolví ésta con ese mismo papel y lo cerré con los dos lazos y aunque dicho así suene un poco raro, el efecto es espectacular.

   Así que cuando fui a llevar el regalo, la mamá estaba feliz por todo lo que había en la canastilla y la hermanita se sentía importante porque le había llevado un regalo “de mayor”, ya que un guardapijamas es para niños mayores, o al menos eso le dije yo para que le hiciese más ilusión.

 Perdonad por el rollo que os he soltado. La conclusión es que si vais a regalar una canastilla y tenéis un poco de tiempo para buscar, hacedla vosotras porque aunque en este caso no ahorraréis demasiado siempre va a ser una canastilla mucho más completa. 
Lo mejor es poner un peluche un poco grande porque así siempre parece que está más llena, y lo otro lo compráis según presupuesto. 

Por veinte euros ya se puede regalar una canastilla bastante decente, y por menos podéis cumplir con alguien con quien no tenéis demasiada relación pero que os apetece tener un detalle. 
Yo creo que es el mejor regalo para una mamá. Y siempre se puede adaptar, puede ser incluso solo de baño, solo de artículos de comer si añadís, por ejemplo, un termo y baberos de esos que traen los días de la semana e incluso un mandilón. O sola para dormir, con pijamitas y mantitas. Depende de lo que os guste. Lo importante es que lo presentéis bonito, seguro que triunfáis. Y un consejito que todas sabéis pero que me presta recordaros. Si hay algún hermanito mayor, llevadle algo, aunque sea algo de un euro. Ellos no ven las cosas como nosotros y sufren.

Mil gracias por leerme y muchos besos

lunes, 25 de julio de 2011

Fulanito me ha dicho que el Ratoncito Pérez no existe


 *Hola, antes de empezar os añado un enlace a otro post sobre mi experiencia con los Reyes Magos y el Ratoncito, está más actualizado por si os puede ayudar. http://saldelapuro.blogspot.com.es/2014/11/mi-experiencia-con-reyes-magos-y.html  

Lo que hoy quiero contar no es exactamente un problema monetario, más bien es un problema “moral” por el que pasamos todas las madres en alguna ocasión. A las que tenéis hijos pequeños no sé si os ha pasado alguna vez que algún niño del cole les da la lata a vuestros peques diciendo que no existen ni  el Ratoncito Pérez,  ni  Los Reyes Magos ni ninguno de los  demás personajes que forman una parte importante de su mundo mientras son pequeños.
     Hace ya tiempo, cuando mi hijo tenía unos seis años, venía del colegio todos los días diciéndome que un niño le decía que el Ratoncito Pérez no existía, y le daba toda clase de detalles sobre como los padres metíamos debajo de la almohada las monedas o regalos, según lo que dejase en cada casa, y le decía que un ratón no podía estar en todas partes casi a la vez ni enterarse de cuando a un niño le caía un diente. Bien mirado, el niño tenía razón, pero a mí me parecía que mi hijo era muy pequeño para que dejase de creer en el ratoncito. Tenía claro que no podían estar hasta los catorce años creyendo en todas esas cosas, seis años son muy pocos y además, quería que cuando él y su hermana supiesen la verdad lo comprendiesen y no les quedara ningún trauma.
      Así que después de tragarme las ganas de ir a darle un buen tirón de orejas al susodicho niño, intenté arreglar la situación,  y por supuesto, el primer paso era negar aquella “mentira”, el ratoncito existía.
     Después, mientras los niños estaban en clase empecé a preparar las “pruebas” de que el ilustre personaje era real. Lo primero que tenía pensado hacer era escribir una carta, así que compré unos folios de colores muy bonitos y elegí uno de color azul para escribir. El mensaje lo hice con rotulador azul oscuro y la escribí a mano, con una letra tipo gótica que no se parecía en nada a la mía. En la carta les decía que era el ratoncito y que a mis oídos habían llegado unos rumores que me tenían muy disgustado. Y les explicaba que a veces los niños traviesos no reciben regalo al perder un diente, y entonces, enfadados, les dicen a sus amigos que el ratoncito no existe, pero está claro que quien escribe una carta tiene que existir. También les pedía que no le hablaran a nadie de aquella carta(temía que el niño sabihondo me desbaratara el plan) porque no debían disgustar a los demás. Lo importante era que ellos eran muy buenos y recibían regalos, y como prueba tenían uno bajo la almohada. Terminé la carta diciendo que la magia era inexplicable, y puse el detalle final  decorándola con un pintauñas plateado que tenía brillantina. Puse dibujos de formas un tanto abstractas y quedó muy bien. Luego la enrollé y la cerré con un lazo, y la metí en un sobre decorado también en plateado y la dejé bajo la almohada de mi hijo.
    Mis hijos son muy aficionados a los juegos de mesa, y en el supermercado Día tenían unos de viaje que eran igual a los grandes, y además estaban muy baratitos así que les compré uno diferente a cada uno y lo envolví muy vistoso, y lo completé con unas chuches que metí en unos tarritos muy guapos de los chinos. Ya sé que parece mucho regalo para ser del Ratoncito Pérez, que en teoría regala un detallito,  pero aquella era una ocasión especial.
   Cuando mis hijos fueron aquella noche a coger el pijama de debajo de su almohada se quedaron atónitos. Y era increíble como les brillaban los ojos al leer la carta.
                               
    Aunque pueda parecer un truco algo “sucio”, ahora que ha pasado el tiempo no me arrepiento de haberlo hecho. Los años que creyeron en todas esas cosas eran años libres de preocupaciones y no hubiera sido justo arrebatárselos antes de tiempo. Y aún conservan la carta, que se ha ido amarilleando por los bordes. Ellos siempre comprendieron mi actitud y disfrutaron de sus años de inocencia. Bueno, por hoy no os aburro más. Agradecería vuestras ideas y opiniones para solucionar todas estas cosas que nos van surgiendo en las diferentes etapas de la vida. Así que espero vuestars ideas mientras me pregunto si el ratoncito vivirá bajo ese puente que sale en la foto. Besinossssssssssssssssssssss.

domingo, 24 de julio de 2011

Qué hacer en un día de "escasos fondos"


Cómo saborear un día con poco dinero.


¿Nunca os ha pasado que ya no sabéis donde ir con los niños porque parece que se cansan de todo?
    Eso me pasó a mí más de una vez, pero a veces, si estaba mejor de dinero podía llevarlos a merendar a un sitio novedoso o a pasar la tarde a algún merendero para que jugaran al aire libre. Pero una de esas veces en las que ya no sabíamos que hacer, mi presupuesto era más que limitado. Y si me quedaba por la ciudad corría el riesgo de que me preguntaran - ¿Mami, podemos comprar un helado? – o – Mami, ¿podemos ir al kiosco? – o peor aún, - Mami, tenemos sed, ¿podemos tomar algo? – y claro, yo no quería decirles que me quedaba poco dinero y llevarles por ahí y no dejarles luego hacer nada. Quería mantenerlos libres de preocupaciones. Por la mañana los había llevado a la playa a bañarse, así que esa opción quedaba descartada. Pero no importaba, no podía rendirme Así que les propuse un plan divertido.
  Ese día descansaba mi marido, así que iríamos los cuatro. Con los huevos y patatas que me quedaban preparé una tortilla, que era lo que iba a hacer para cenar de todas formas, y la metí en una cesta que guardo del año catapún y que era de mi madre. Metí unos platos de plástico, pan, las botellas de agua y un melón y les puse a los críos ropa cómoda y playeros.
  Y en la cesta metí mi viejo mantel de cuadros y unas bolsas de plástico.
    La ventaja que tengo es vivir en Asturias, donde todo está muy cerca, y precisamente  muy cerca de mi casa empieza una ruta que transcurre paralela río y que se puede hacer en bici o andando, y ese día la hicimos andando porque el objetivo era coger moras, y con la bici tienes que estar parando a cada minuto.
   Nada más dejar atrás la ciudad vimos los matorrales plagados de negros frutos que parecían puestos allí para que nosotros los cogiéramos. Con cuidado para que los niños no se pincharan las cogimos y las fuimos metiendo en las bolsas. La recolección fue muy divertida, “peleando” a ver quien cogía más y quien las más grandes.
  A la vuelta, con las manos negras y muertos de hambre  paramos en un rincón junto al río y allí, igual que en las pelis inglesas saqué el mantel de cuadros y cenamos en plan picnic. Por la zona hay mesas pero ellos querían un picnic de verdad, sentados en el suelo. Después reposamos mientras veíamos como la tarde iba declinando poco a poco. Yo no sé que pasa por esta tierra mía pero al atardecer todo huelo mejor, y embriagados de los aromas del ocaso volvimos a casa, cansados pero con esa sensación de haber tenido un día perfecto. Los niños se lo habían pasado en grande, no había gastado nada y ellos nunca sospecharon que la excursión se debió a los escasos fondos de sus padres. Y al día siguiente, a hervir tarros y a preparar mermelada de mora. Y a comer moras de postre, porque teníamos muchas. Si alguna vez tenéis poco dinero para salir no os quedéis en casa, siempre hay opciones, pero ante todo no les deis a los niños la sensación de estar haciendo algo malo porque salgáis sin gastar dinero. No solo es necesario consumir para ser feliz. En todas las ciudades hay actividades que no cuestan dinero, solo es cuestión de poner ilusión. Aunque ya sé que todo esto lo sabéis, pero me gusta insistir porque a veces nos vemos tan saturados de problemas que nos olvidamos de lo más importante. Y los niños crecen muy deprisa y si no aprovechamos los años de infancia para estar con ellos e inculcarles estas cositas, cuando nos demos cuenta estamos viviendo con unos desconocidos que encima ya son adultos.
  Bueno, vaya rollo solté, ya os dejo y os espero. Porfa, dadme vosotros también ideas, que las pondré en práctica seguro.


Otra idea para las cestas


Ideas para aprovechar las compras impulsivas, cómo usar cestas para regalos.




Tal como os dije el otro día, poco a poco voy a ir explicando la utilidad que yo les di a las dichosas cestas que compré en aquellos chinos que liquidaban.
    Ahora que ya me había deshecho de una la sensación de culpabilidad había menguado un poco, pero aún así cuando las veía en el armario me sentía un poco caprichosa e impulsiva.
    Algo de tiempo después del famoso cumpleaños de la quinceañera a la que le preparé una cesta de baño tuve comida familiar. Sí, como suena, Comida Familiar, con mayúsculas.
     Una de mis cuñadas llevaba tiempo diciendo que nos debía una comida, que teníamos que ir a su casa y que de aquel fin de semana no pasaba.
    Así que ya teníamos planes para aquel radiante fin de semana, una comida a lo que yo debía llevar algo, porque no se debe ir a una casa con las manos vacías.
   La verdad es que estábamos a principios de mes, por eso ella organizaba la comida, y yo podía gastar un poco más, pero, sinceramente, no me apetecía empezar derrochando, egoístamente prefería dejar ese dinero para gastarlo por ahí con mis hijos. Así que me dije que nada de llevar pasteles, que éramos nosotros cuatro más los tres de la otra casa, por tanto una docena de pasteles no la iban a ver delante. Una tarta se me disparaba, y hacer un postre casero no me apetecía porque ya lo había hecho muchas veces y me parecía más de lo mismo. Siempre me quedaba el recurso de una botella de vino, y era la opción que había dejado en la recámara, aunque no me convencía demasiado.
    Y de pronto, esa noche, antes de dormir se me ocurrió preparar una cesta de fruta. Yo sabía que en aquella casa todos comían mucha fruta, así que me parecía un acierto.
  Al día siguiente saqué las cestas del armario y elegí la mayor de todas porque con fruta no era difícil de rellenar. Y otra vez cubrí el fondo con papel de seda, en este caso, blanco.
    Para comprar la fruta me fui a un súper para servirme yo misma, pues me daba rabia ir a la frutería y comprar una pieza o dos. Y lo primero que cogí fue una piña natural, que estaba de oferta a euro la pieza. Luego cogí algunas piezas sueltas, una lata de melocotón en almíbar que era barata y yo lo había visto en algunas cestas que exponían por ahí y compré nueces y avellanas al peso. Y en la sección de vinos tuve suerte y pillé una oferta genial, liquidaban unas botellas a noventa céntimos y no eran marca blanca, eran botellas de una bodega que liquidaba viejas existencias para lanzar su nueva promoción.
   En casa puse la piña en medio de la cesta, de pie, y la lata de melocotón en un lado y el vino en otro. Luego cubrí los huecos con la fruta suelta, que eran dos naranjas de mesa, dos plátanos, una pera y una manzana y seis o siete fresas. Las avellanas y las nueces las dejé cada una en las bolsitas transparentes en las que las había metido y las até con un lazo rojo. Luego envolví la cesta con celofán transparente de ese que yo siempre guardo y le puse un lazo rojo. Y cuando esa tarde salí con los niños cogí unas margaritas blancas grandes que hay por aquí y que me sacan de muchos apuros, y las dejé en agua hasta el día siguiente, y justo antes de salir, las puse en el centro del lazo. Y deberías haber visto la cara de mi cuñada cuando aparecí con aquella enorme cesta que yo había rellenado por menos de seis euros.
   A pesar de lo mucho que me arrepentí cuando compré las cestas, ahora, desde la experiencia, yo os recomendaría que siempre tuvierais una cesta de tamaño mediano en casa porque si te surge un regalo inesperado puedes rellenarla con algo barato y quedas fenomenal. En cierta ocasión mi madre regaló una cesta con plantas y también fue un éxito, y solo compramos dos plantinas de euro, el resto fueron esquejes de las que teníamos en casa. Incluso pusimos unas figuras que vendían en la tienda Casa, una ranita creo que era, y quedó espectacular. Y otra vez, con unas piñas que habíamos cogido, unas ramitas de pino y unas velas hicimos un centro de Navidad precioso, y barato. Bueno, por hoy os dejo. Y os pongo un par de fotos de un cumple de esos baratos que yo digo. Los sándwiches los hice de ensaladilla rusa y me quedaron muy aparentes. Y los frutos secos, patitas y demás me salieron tirados, y al repartirlos en platos chulos parecen mucho más. Y los bollos preñaos eran de una panadería que ya cerró que los vendían a cinco céntimos la unidad. Vais a ver lo bien que quedó sin que se resintiera mi bolsillo. Además me dejaron una pequeña finca así que me resultó muy cómodo hacerlo allí. Y pongo también una de la cena de los viernes, en este caso Halloween.

sábado, 23 de julio de 2011

El regalo más emotivo; ideas para regalar a abuelos.

Regalo lleno de amor para un abuelo.

Aunque veáis esta preciosidad no es este el regalo del que voy a hablar. Pero es que estaba ahora clasificando algunas fotos de esas que acumulas y siempre da pereza colocar en su álbum, y se me ha venido a la cabeza un regalo muy original y que siempre triunfa.
   En mi familia somos un montón, y por eso, hace tiempo que alcanzamos un acuerdo. En reyes solo se regala a los niños, que son 10, nada menos. Los mayores simplemente miramos porque si nos regalamos a nosotros también tendríamos que atracar un banco. Pero mi suegro cumple años ese día, como el rey, así con él hacemos la excepción.
  Y el año que hice el regalo que os voy a explicar había sido un año difícil, y a mí me costó meses comprar los regalos de todos los niños sin salirme de un presupuesto. Es una tarea difícil porque los hay de distintas edades pero los regalos no pueden ser demasiado diferentes para que no parezca que distingues a unos y favoreces a otros. Pero bueno, con paciencia logré regarles a todos bastante bien.
  El problema venía con mi suegro. Un señor de esa edad tiene de todo, y además no fuma ni le gustan los licores, así que nada de mecheros chulos ni bebidas en estuches con vasos. Y me negaba a tirar de colonia, que siempre se las regalaba alguien y su baño parecía una perfumería. Entonces una chica me dio una idea genial. Me dijo que le regalara un calendario.
   Al oírlo me sonó raro, pero cuando me lo explicó ya no dudé. Lo primero que necesitaba era una impresora, que ya tenía, tinta, que también, y un papel un poco bueno pero no necesariamente de foto, que es muy caro. Así que pregunté en varios sitios y me lo vendieron en una copistería por menos de dos euros. Luego me tocaba hacer memoria.
  La idea era poner en cada mes del año una foto con los acontecimientos familiares del susodicho mes. Como en la familia hay 10 niños, siete de los meses estaban ocupados, porque algunos niños nacieron el mismo mes.
   Así que en las páginas de cada cumple puse fotos del niño o niños. La mayoría habían sido sacadas en otros cumpleaños, o en comuniones y cosas así, pero quedaron muy guapas. Luego, en los que eran dos puse fotos de los dos, a veces las tenía así y a veces las cortaba de fotos en grupo.
Por cierto, para el calendario usé un programa que tenía de la primera cámara digital que compré hace añísimos pero que tiene unos diseños de calendarios muy bonitos.
  Cuando ya no había cumples de los niños puse una foto de su boda, escaneada de una foto supervieja en blanco y negro, pero quedó bien. Y la puse en el mes de su aniversario de boda. En el mes del cumple de mi suegra puse una foto de ella, y en enero, que era el cumple de mi suegro, una de él con todos sus nietos, que tenía de la cena de Navidad. Las otras dos fotos fueron un poco más sosas, en noviembre puse una foto de unos manzanos que tienen para recordarles que toca recoger manzana y en agosto una de mis hijos en la playa(son enchufados) porque es verano. Cuando ya las tuve impresas fui a la copistería donde había comprado el papel para que me pusieran un gusanillo. Por si alguna no lo sabe el gusanillo son unos muelles como si fueran los de las libretas de toda la vida. Yo había hecho las fotos en vertical, y quedó una pasada. En la primera hoja veías al abuelo con todos los nietos, y en las demás distintas fotos. Además los días del cumple del que salía en la foto o del aniversario venían rodeados en rojo. Y la cara que se les quedó a los abuelos, porque al final fue un regalo para los dos, pues como decía, la cara fue un poema.
   Este regalo se puede hacer para algún amigo, poniendo  fotos de los miembros de la pandilla. O para el novio o novia, poniendo fotos de momentos especiales en cada mes y rodeando las fechas con un corazón. Para San Valentín queda genial.
   Yo estoy pensando en hacer otro calendario para mi hermana en su cumple, con fotos de cuando éramos pequeñas.
Y una idea bonita con fotos es una que hace mi hija. Cuando es el cumple de alguna amiga, pero ella por alguna razón no lo celebra, siempre suelen hacer el mismo regalo. A pesar de que son muchas y por poco dinero podrían comprarle algo guapo, para que la persona no se sienta mal por no celebrarlo, simplemente imprimen varias fotos de la pandilla, las clásicas fotos que sacas en excursiones o algún día que sales por ahí, y las pegan en un corcho que compran entre todas en los chinos o en alguna librería, que a veces es más barato. Luego clavan con chinchetas mensajes personalizados diciendo lo mucho que la quieren y lo adornan con algún caramelo. Es un recuerdo precioso y no comprometes a la persona porque si le llevas un regalo más caro a lo mejor se ve en la obligación de invitar a algo. Esos corchos desprenden más cariño que muchas joyas. Y a veces, en lugar del corcho forran una caja de zapatos con papel de regalo y meten las fotos dentro, entre gominolas y globos a medio hinchar. ¡Queda espectacular!

Aprovechad las compras inútiles; no sé que hacer con estas cestas.


¿Nunca habéis hecho una compra, aunque no sea muy cara, y luego os habéis sentido culpables? Bueno, pues hoy os cuento mi experiencia.
    Hace algo de tiempo, iba yo a hacer mis recados, como siempre contando el dinero, cuando vi unos chinos que liquidaban por cierre.
   Después de una hora regañándome a mí misma, entré en la tienda, aunque me juraba que era simplemente para curiosear.
    Tengo que confesar que todo estaba baratísimo, y si hubiese tenido dinero hubiese salido de allí con media tienda en el bolsillo. Pero mi caso era otro así que me compré unos álbumes de fotos, que necesitaba y estaban casi regalados, y lo peor, cuatro cestas de distintos tamaños. ¡No me preguntéis porqué compré las cestas porque no lo sé! Parece que tenían un imán, porque de todo lo que había allí, cosas bastante más útiles, yo solo tenía ojos para las cestas. Y cuando me vi en casa, con menos dinero aún del que tenía antes de salir y con aquellos trastos, quería enterrar la cabeza y desaparecer.
   Después de meterlas en un armario y quitarlas de mi vista, intenté olvidar la historia y evité pasar por delante de chinos que liquidasen existencias.
    Algún tiempo después de esto, como siempre a últimos de mes, llegó mi hija mayor a casa diciendo que la habían invitado a un cumpleaños. Horrorizada pregunté la edad de la cumpleañera, para poder hacerme una idea de lo que podía comprar.
  Al día siguiente, mientras mi hija estaba en clase, salí a buscar el regalo para la chica, que cumplía quince años. Mi presupuesto era muy pequeño, más bien diminuto, porque no podía pasarme de seis euros si quería comer hasta el día de cobro.
    Me recorrí todas las tiendas, os lo juro, pero nada. En las perfumerías, cualquier cosa ya costaba seis euros, y era algo diminuto. Lo único más barato era algún dúo de sombras de ojos, y con 15 años me daba miedo regalárselo, quizás sus padres no la dejasen pintarse.
    En las librerías, por seis euros no había ni tebeos, y lo único que había más barato ponía el precio en la portada, y grande y pintado, para que no se pudiese quitar, así que descartado.
    En las tiendas de ropa lo que había barato  o ya lo tenía o lo había visto y sabía el precio porque al parecer, los viernes por la tarde, entraba en las tiendas a mirar ropa.
    Desesperada, entré en unos chinos, pero lo mismo, lo barato era demasiado conocido y se sabía el precio. Y ya me iba cuando vi unas cestas apiladas y esperando a ser colocadas y ¡flash! Podía aprovechar alguna de las cestas que tenía escondidas en el armario.
Corriendo fui a casa y las saqué. Después de pensar elegí una de tamaño intermedio para que fuese más fácil de rellenar. Y corriendo también saqué una caja donde guardo papeles de regalo y lazos que están en buen estado. Después de rebuscar encontré un pliego de celofán transparente con dibujitos pequeños en amarillo y un lazo amarillo. Ya tenía donde presentarlo, solo quedaba rellenar.
   En los chinos compré un peluche amarillo, y lo puse en medio de la cesta que previamente había cubierto con papel de seda que tenía, lo había arrugado y quedaba genial. Si alguna lo va a hacer y no tenéis papel de seda, podéis poner el plástico ese de burbujitas o algodones de colores, algo que cubra la superficie de la cesta. El peluche me había costado 1,80, así que tenía poco más de cuatro euros para terminar.
    Quería que la cesta fuese de baño, pero decidí no meter productos de ninguna marca blanca concreta para que tampoco se notase demasiado que la cesta era casera. No pretendía colarla por una cesta de perfumería, pero no quise poner marca Deliplús o Día. Así que me acordé de mis muestras. Muchas veces compro el gel o el desodorante que regala uno de tamaño de viaje, solo si está a buen precio, y tengo esas muestra en un neceser. Y ¡Voilá! Tenía un gel de la casa Moussel, que huele genial, sin estrenar.       
      Cuidadosamente lo puse junto al peluche. Luego, en los mismos chinos compré una esponja de esas que son tan chulas, con una cuerda y que masajean, es que no sé como se llaman, en amarillo, y la coloqué. Compré allí mismo un tubito que traía una especie de pétalos de colores y unas sales de baño, todo con predominio del amarillo, y también lo distribuí en la cesta. Llevaba gastados 3, 60 contando el peluche, así que aún podía añadir más. En Ives Rocher compré bolitas de aceite, creo que a 10 o 20 cts, no me acuerdo. Compré cuatro y las puse en la cesta también, y en los chinos vi una toalla pequeña, amarilla y con un bordado similar al peluche que había puesto, así que también la cogí.
   Contenta por no haber llegado a los seis euros, lo envolví con el celofán de modo llamativo, y le puse el lazo lo más vistoso que pude.
    Cuando mi hija lo llevó a la fiesta fue un éxito. Al fin y al cabo, con quince años les gustan las cosas de “presumir”, y sin saber si en casa las dejan pintarse, un juego de baño es la mejor opción. Lo único que lamento es no haber hecho una foto, porque de verdad, quedó preciosa. Por cierto, la foto que pongo no tiene nada que ver, simplemente me gusta, y a falta de cestas, buenos son acantilados.
  Bueno, en la próxima entrada os cuento como utilicé las otras cestas. Y aprovecho para recomendar que si tenéis que hacer un regalo y tenéis poco presupuesto, queda muy bien comprar una cesta o caja barata y rellenarla con algo que pegue con el cumpleañero. Podéis hacer un juego de escritorio comprando una caja, bolis, gomas y libretas entonadas y presentarlo con la caja semiabierta y envuelto en celofán transparente. Parece de librería.
 
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